El líder de la oposición alemana, Friedrich Merz, mantuvo un duro enfrentamiento con la líder de AfD, Alice Weidel, en el Bundestag, calificando a su partido de «fuerza destructiva». Según el líder de la CDU, la política migratoria de AfD podría derivar en una «limpieza étnica» de trabajadores cualificados.
El debate se produjo tras la contundente victoria de AfD en las elecciones del estado federado de Sajonia-Anhalt, donde la formación obtuvo casi el 44% de los votos. Por su parte, el apoyo al bloque conservador de Merz se redujo a la mitad, cayendo al 17,2%.
Weidel declaró ante los diputados que los votantes han demostrado el fracaso absoluto de la coalición de Merz con el Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD), y que su tiempo como líder político «ha pasado». En respuesta, Merz acusó a AfD de perjudicar los intereses de Alemania por su apoyo a Rusia y advirtió que la política de «remigración» del partido afectaría a millones de personas.
Merz subrayó que uno de cada seis trabajadores cualificados en Alemania tiene origen migrante. Según sus palabras, aplicar la política de AfD supondría «nada menos que una limpieza étnica en el ámbito de la mano de obra cualificada por el color de piel y el origen». Señaló que el gobierno reconoce la necesidad de ciertas deportaciones, pero que debe distinguirse claramente entre quienes contribuyen al bienestar de Alemania y quienes carecen de permiso de residencia permanente.
La victoria de AfD y la lucha por el gobierno estatal
Aún no está claro si AfD podrá formar gobierno en Sajonia-Anhalt, ya que al partido le faltaron tres escaños para alcanzar la mayoría absoluta. Desde la Segunda Guerra Mundial, ningún partido de extrema derecha ha llegado al poder en ninguno de los 16 estados federados de Alemania.
Merz calificó el resultado electoral de «sísmico» y admitió que ha cambiado Alemania. No obstante, el líder conservador afirmó que AfD no podrá obtener una mayoría absoluta a nivel nacional.
También acusó al partido de engañar a los votantes respecto a su candidato a primer ministro del estado, Ulrich Siegmund. Antes de los comicios, AfD afirmó que Siegmund solo lideraría el gobierno si el partido obtenía la mayoría, pero tras la votación, la formación comenzó a buscar aliados.
AfD ya contempla cooperar con otros partidos, como el populista de izquierda BSW, si apoyan a Siegmund como primer ministro. El adjunto de Siegmund en Sajonia-Anhalt incluso sugirió la posibilidad de colaborar con la CDU de Merz, siempre que los conservadores abandonen el llamado «cortafuegos», principio que impide a los partidos tradicionales colaborar con la extrema derecha.
La migración, tema central del debate
El éxito de AfD, clasificado por la inteligencia interior alemana como «extremista de derecha», fue celebrado por el presidente de EE. UU., Donald Trump. Afirmó que «el partido populista de Alemania acaba de tener una noche realmente grande», vinculando su victoria a las «horribles reglas y normas en materia de inmigración».
Durante la sesión del Bundestag, los diputados de AfD interrumpieron al orador en repetidas ocasiones. La situación fue tan tensa que la presidenta del Bundestag, Bärbel Bas, amenazó con expulsar a los diputados de la cámara, declarando: «No estamos en un campo de fútbol».
Weidel sostuvo que la migración masiva ha provocado ataques diarios con cuchillos, así como agresiones en trenes y estaciones. Merz respondió advirtiendo que la política de AfD crearía una situación en la que ninguna residencia de ancianos, hospital o restaurante podría funcionar con normalidad.
El líder conservador reiteró que AfD es una «fuerza destructiva» y acusó al partido de engañar a sus votantes. «Ustedes son y seguirán siendo una fuerza destructiva», sentenció Merz, criticando la decisión de AfD de buscar socios tras las elecciones, a pesar de haber condicionado previamente la formación de gobierno a obtener su propia mayoría.
Fuente: BBC World



