Desde el lunes, 62 personas han sido puestas bajo custodia en Turquía tras una oleada de detenciones en la comunidad LGTBI+, y otras 29 deberán comparecer ante un tribunal de Estambul este miércoles, 16 de septiembre. Según datos de la organización de derechos humanos MLSA, el martes por la noche fueron detenidas 13 personas en Ankara, entre ellas siete miembros de Kaos GL —una de las organizaciones LGTBI+ más grandes del país—, cinco personas transgénero y un periodista.
Asimismo, el martes por la noche, un tribunal de Mersin ordenó el ingreso en prisión de 28 personas detenidas el domingo, informó la agencia privada DHA citando a la fiscalía local. Previamente, el lunes, otras 21 personas fueron detenidas en Izmir y Aydin. A la mayoría se les acusa de «indecencia» y de promover la prostitución.
Escala de las acciones judiciales
El ministro de Justicia, Yilmaz Tunç (Akin Gürlek), anunció el domingo el inicio de procedimientos contra 162 sospechosos, nueve asociaciones y 13 empresas en 15 provincias. Se llevaron a cabo redadas nocturnas en bares gais y domicilios de activistas LGTBI+. Según la asociación AIH, el domingo fueron detenidas cerca de 110 personas en todo el país. Además, el martes fueron arrestadas otras 106 personas en Estambul mientras protestaban contra estas detenciones.
La operación forma parte de la denominada «Década de la Familia» proclamada por el presidente Recep Tayyip Erdogan, cuyo objetivo, según las autoridades, es «proteger a nuestros niños, la institución de la familia y el orden social». Esta operación a gran escala ha provocado condenas internacionales.
La homosexualidad no es un delito en Turquía, pero la hostilidad hacia el colectivo LGTBI+ sigue muy extendida, incluso en los niveles más altos del gobierno. El presidente Recep Tayyip Erdogan califica habitualmente a las personas LGTBI+ de «pervertidos» y vincula a la comunidad con el descenso de la natalidad. La organización de derechos humanos Amnesty International ha declarado que esta campaña no tiene nada que ver con la protección de las familias, sino que busca intensificar la presión sobre un colectivo que lleva décadas sufriendo discriminación e intimidación.
Fuente: Le Parisien



