México ha realizado una de las mayores apuestas energéticas de su historia moderna. El gobierno del país planea agregar alrededor de 32.000 megavatios de nuevas capacidades de generación de energía para 2030, lo que será suficiente para reformar el sistema energético nacional. La presidenta Claudia Sheinbaum calificó el plan de histórico. Su costo asciende a 739.000 millones de pesos, equivalentes a aproximadamente 40.000 millones de dólares, que se distribuirán a lo largo de su mandato de seis años. Para los inversores que consideran a México como un destino para invertir o construir, el plan responde a una pregunta urgente: ¿de dónde provendrá la energía para las nuevas fábricas y centros de datos, y quién la poseerá?
Las cifras clave fueron presentadas por el Ministerio de Energía durante una conferencia de prensa matutina de la presidenta. Según el plan oficial del ministerio, aproximadamente el 70% de las nuevas capacidades, que suman alrededor de 22.000 megavatios, serán renovables. La energía solar desempeñará un papel fundamental: el plan prevé más de 12.000 megavatios de energía fotovoltaica y casi 7.000 megavatios de energía eólica, además de geotérmica, hidroeléctrica y los primeros pasos en la producción de hidrógeno verde.
Liderazgo estatal en energía
Para estabilizar la red durante la puesta del sol y la caída del viento, la empresa pública de servicios construirá cinco nuevas centrales eléctricas de gas. Estas añadirán casi 10.000 megavatios de reserva confiable para apoyar a las fuentes renovables variables. La característica más notable es quién construirá y poseerá estas instalaciones. La empresa estatal de electricidad CFE (Comisión Federal de Electricidad) proporcionará alrededor del 79% de las nuevas capacidades, utilizando fondos propios o mediante acuerdos mixtos, en los que los activos permanecerán en propiedad estatal.
Esto marca un giro consciente en la política. Los funcionarios señalaron que la participación de la generación estatal disminuyó de casi una dominación total en 2000 a alrededor del 43% en 2023, y buscan devolverla a más del 60%. El mensaje político es claro: la energía se considera una cuestión de soberanía nacional, y el gobierno insiste en que los activos energéticos estratégicos permanezcan en manos del Estado, no de empresas privadas o extranjeras. Este mismo instinto se ha observado este año en otros países del mundo: desde Europa hasta Asia, los gobiernos están recuperando el control sobre sectores que consideran demasiado estratégicos para dejarlos completamente al mercado.
Las ambiciones del plan se evidencian con dos proyectos emblemáticos: un complejo solar e hidroeléctrico llamado Oasis proporcionará energía a una región remota fuera de la red, mientras que una gran granja solar en Sonora alcanzará 1.000 megavatios y se contará entre las más grandes de América. La magnitud del salto en energías renovables es significativa. En comparación con los niveles de 2024, el plan prevé un crecimiento de la generación solar de aproximadamente 140%, geotérmica de 90% y eólica de 70%. La granja solar en Sonora ilustra cómo se distribuyen los fondos: el proyecto, que se construirá en cuatro fases hasta 2028, atraerá inversiones totales de casi 1.500 millones de dólares, ya que cada etapa añadirá capacidades.
Reducción de la dependencia y beneficios climáticos
El plan está diseñado para reducir la dependencia. México importa la mayor parte del gas natural que quema para generar electricidad, principalmente de Estados Unidos. La transición a fuentes renovables tiene como objetivo disminuir esta dependencia de aproximadamente cuatro quintos de la generación actual a tres quintos para 2030. También hay un dividendo climático. El gobierno estima que un balance energético más limpio permitirá evitar emisiones de aproximadamente 69 millones de toneladas de dióxido de carbono y evitará que el país construya decenas de nuevas centrales eléctricas de gas.
Para los inversores, sin embargo, el desafío radica en el propio modelo estatal. Un mayor papel de la empresa pública de servicios ofrece escala y dirección, pero también puede desplazar a los desarrolladores privados que esperaban construir y poseer instalaciones de energía renovable por sí mismos. La prueba más profunda es la implementación. El anuncio de 40.000 millones de dólares y los objetivos de energías renovables es la parte fácil; la construcción de centrales eléctricas a tiempo y garantizar un suministro eléctrico ininterrumpido durante la transición decidirá si esta apuesta valdrá la pena.
Fuente: Wire News

